Las tortugas marinas son universalmente uno de nuestros animales favoritos, además de ser uno de los avistamientos más deseados debajo del agua por todos los que amamos los océanos y el mundo submarino.
Una inmersión con tortugas es una inmersión llena de magia, además de ser un encuentro único con la historia más viva de nuestro planeta. Las tortugas, excepcionales navegantes, pertenecen a un grupo de reptiles que llevan poblando nuestros mares y océanos desde hace más de 100 millones de años.
Nuestro gran reto en este siglo XXI
Estas criaturas ancestrales son esenciales para mantener los océanos saludables, ya que ayudan a mantener el equilibrio en los arrecifes de coral, así como en lechos y praderas marinas. Además, las tortugas se alimentan de medusas, las cuales, de lo contrario, se podrían multiplicar de forma desproporcionada.
Lamentablemente, después de más de 100 millones de años navegando los océanos de nuestro planeta, las tortugas marinas se encuentran actualmente en peligro de extinción. Por primera vez en su larga historia, su supervivencia está más en duda que nunca.
Por el bien de nuestro planeta, de sus océanos y de nuestro propio porvenir, debemos asumir con responsabilidad este gran reto y hacer todo lo que esté en nuestra mano para proteger a las tortugas marinas. Asegurar su supervivencia debe ser una prioridad.

Conociendo mejor a las tortugas marinas
Las tortugas marinas son un grupo de reptiles pertenecientes a la superfamilia de los quelonioideos (Chelonioidea). Se dividen a su vez en dos familias, a las cuales pertenecen las 7 especies de tortugas marinas que encontramos vivas en la actualidad. La primera es la famila Cheloniidae (quelónidos), a la que pertenecen la tortuga boba, la tortuga lora o bastarda, la tortuga olivácea o golfina, la tortuga verde, la tortuga carey y la tortuga plana. La segunda es la famila Dermochelyidae (dermoquélidos), a la que pertenece únicamente la tortuga laúd, la más grande de todas ellas.
Están presentes en todos los océanos y mares del planeta con aguas templadas, tropicales y subtropicales. Visitando los lugares indicados, todavía tenemos una altísima probabilidad de poder ver y disfrutar de estas magníficas criaturas en algún momento de nuestras vidas.
Gladiadores del océano
Al igual que sus hermanas terrestres, estos reptiles ancestrales se caracterizan por su caparazón, el cual les proporciona un fantástico escudo de protección frente a posibles peligros y depredadores. La parte dorsal (superior) recibe el nombre de espaldar, el cual se une lateralmente con la parte ventral (inferior) del caparazón, que recibe el nombre de plastrón. Estos van a ser clave a la hora de poder identificar una especia de otra.

Como el resto de reptiles, las tortugas marinas son animales ectotermos (de sangre fría), es decir, no son capaces de generar calor interno por ningún proceso metabólico o fisiológico, por lo que deben confiar en fuentes de calor externo para regular su temperatura. El caparazón, además de protección, ayuda también a las tortugas a mantener el calor interno.
Como curiosidad, a diferencia de sus hermanas terrestres y de agua dulce, las tortugas marinas perdieron la capacidad de retraer sus extremidades. Es decir, no pueden esconderse dentro de su caparazón. En contraprestación, evolucionaron sus extremidades en aletas adecuadas al medio marino, lo cual, junto con un caparazón mucho más hidrodinámico, las ha permitido conquistar los océanos y convertirse en la excepcionales navegantes que son.
Apneístas profesionales
A pesar de que las tortugas marinas pasan prácticamente toda su vida en el agua, cabe recordar que su respiración es a través de pulmones, por lo que tarde o temprano tendrán que salir a superficie a respirar. Dicho esto, son unas apneístas tremendamente experimentadas, ya que algunas son capaces de aguantar bajo el agua hasta cinco horas en reposo.

Supervivientes innatas
El ciclo de reproducción de las tortugas marinas es una proeza de la naturaleza que merece toda nuestra admiración.
Si bien decíamos antes que las tortugas pasan la gran parte de su vida en el agua, será únicamente en el momento de desovar cuando podremos ver a las hembras abandonar el agua para adentraste en la playa que verá nacer a sus neonatos. Algo realmente excepcional es que muchas hembras vuelven a desovar a la misma playa donde nacieron, lo cual es algo que aún asombra y fascina a la comunidad científica.
Una vez en la playa, buscarán el lugar ideal, suficientemente alejado de la orilla, sin vegetación y exento de posibles peligros a la vista. Una vez acomodadas, pasarán a escarbar con sus extremidades traseras un agujero en la arena en el que depositarán sus huevos, que serán después cubiertos con la misma arena. Dependiendo de la especie, cada hembra puede depositar entre 50 y 200 huevos aproximadamente, los cuales tendrán un período de incubación de entre 35 y 70 días antes de eclosionar.

Algo muy importante a destacar es que la temperatura de la arena va a ser determinante en el sexo de los recién nacidos. A una determinada temperatura (temperara pivotal), que suele ser en torno a 28-31º, encontraremos ratios de 1:1 aproximadamente. Sin embargo, cuando la temperatura aumenta, también aumenta el número de hembras recién nacidas. Lo contrario sucede si la temperatura en inferior a la temperatura pivotal, favoreciendo un mayor nacimiento de machos.
Finalizado el periodo de incubación, para los recién nacidos comienza aquí el primer y más importante reto de toda su vida. Sobrevivir. Emergen habitualmente al atardecer o durante la noche, cuando bajan las temperaturas y disminuye el riesgo de depredación, y esperan a salir en tromba, todas juntas, en dirección a la protección que les confiere las olas del mar.

Se estima que solo una de cada mil tortugas que salen del huevo llegan a la edad adulta, lo cual hace que cada encuentro con una tortuga sea un momento realmente mágico, ya que estamos ante toda una auténtica superviviente del océano.
Piquitos de oro
La alimentación de las tortugas marinas es totalmente omnívora. Aunque las medusas son uno de sus platos preferidos, también se alimentan de esponjas de mar, anémonas, algas, moluscos, cangrejos y otro crustáceos.
Una característica a destacar es que las tortugas carecen de dientes. En su lugar, han desarrollado una serie de picos cortantes de queratina en ambas mandíbulas (inferior y superior), parecido al de las aves. A su vez, cada una de las 7 especies ha desarrollado una morfología distinta en su pico en función de su dieta.
Por ejemplo, la tortuga carey (Eretmochelys imbricata) tiene un pico alargado y con forma de gancho, apto para ser introducido en los arrecifes de coral y cavidades rocosas en busca de alimento. La tortuga verde (Chelonia mydas), por el contrario, al ser principalmente herbívora, posee un pico más corto, con bordes filosos y aserrados, perfectos para cortar algas o alimentarse de los pastos marinos que se encuentran adheridos a rocas o al fondo oceánico.

En grave peligro de extinción
De las siete especies de tortugas marinas que aún habitan nuestros mares y océanos, seis se encuentran actualmente amenazadas. De la séptima en cuestión, la tortuga plana, no se tienen suficientes datos.
Según la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza), la tortuga carey y la tortuga lora o bastarda están en grave peligro (CR: Critically Endangered, en inglés); la tortuga verde se encuentra en peligro (EN: Endangered, en inglés); y la tortuga boba, la tortuga olivácea o golfina y la tortuga laúd están en estado de vulnerabilidad (VU: Vulnerable, en inglés).
Veamos cuáles son los principales motivos y qué podemos hacer al respecto.
1. Plásticos en el mar
A pesar de que cada vez hay más consciencia sobre la lacra que suponen los plásticos en el mar, éstos siguen siendo un problema mayúsculo para el que no se vislumbra una solución fácil. Y las tortugas son, lamentablemente, otra más de sus víctimas.
Según señala WWF, en este caso, el problema radica en la ingesta de plásticos, ya que las tortugas los confunden con medusas, una de sus fuentes principales de alimentación.

2. Calentamiento global
Al igual que los plásticos, las tortugas marinas tampoco se escapan de los devastadores efectos del calentamiento global. Si bien es un tema complejo que puede tener múltiples ramificaciones, es sabido que el calentamiento global está modificando el delicado equilibrio de los ecosistemas marinos en los que habitan las tortugas, pudiendo alterar así sus hábitos alimenticios, sus lugares de apareamiento y sus playas de nidificación.
Un ejemplo concreto lo podemos encontrar en los ratios de recién nacidos entre machos y hembras. Al aumentar la temperatura global, como hemos explicado anteriormente, el número de hembras recién nacidas es superior al de machos, dando lugar a un desequilibrio que puede traer consecuencia negativas para su supervivencia.
3. Pesca furtiva y pesca accidental
Las tortugas han sido desde siempre objeto de deseo entre cazadores furtivos, buscando comerciar con sus caparazones, su piel, sus huevos o su carne para consumo humano.
También es un factor de riesgo la pesca accidental, que si bien no tiene por objeto la caza de tortugas, éstas son a menudo presa de las redes de pesca. Hemos de recordar que las tortugas marinas son reptiles que respiran a través de pulmones. Al quedarse atrapadas, no pueden subir a la superficie a respirar y mueren ahogadas.
4. Contaminación y urbanización masiva
Además de los plásticos ya mencionados, la contaminación general derivada de la actividad humana, ya sea por basura o residuos tóxicos, puede ocasionar lesiones y daños fatales en las tortugas, así como ser fuente de infecciones y enfermedades.
Además, la urbanización masiva de los litorales costeros de todo el mundo, sumado a la contaminación de playas y espacios naturales, está reduciendo drásticamente la cantidad de playas hábiles para la nidificación, tanto en cantidad (número de playas) como en espacio (playas masificadas y pobladas, llenas de basura, y con un mayor riesgo de dañarse los huevos durante su incubación).
¿Qué podemos hacer?
Las tortugas marinas llevan más de 100 millones de años poblando nuestros mares y océanos, lo cual las convierte en uno de los seres vivos más antiguos de nuestro planeta. Sin embargo, por primera vez en su larga historia, se encuentran ante su mayor reto. ¿Podrán sobrevivir al devastador impacto del ser humano?

La pregunta, por tanto, es la siguiente: ¿cómo podemos ayudar a proteger a estas criaturas ancestrales? Si bien es un tema realmente complejo, hay sin duda una serie de recomendaciones que podemos poner en práctica en nuestra vida cotidiana y en nuestra toma de decisiones.
WWF es la mayor organización internacional independiente dedicada a la defensa de la naturaleza y el medio ambiente. Como gesto simbólico, WWF te ofrece la posibilidad de adoptar una tortuga a cambio de una pequeña donación, cuya cuantía va destinada a los muchos proyectos que WWF gestiona para la defensa y preservación de las tortugas marinas en el mundo.
Si te apetece, puedes acceder a su web pinchando este link. Nosotros en House Reef ya hemos adoptado a nuestra tortuga.









