Uno de los principales riesgos a los que se expone cualquier buceador, y algo que se enseña en todos los cursos de formación, desde iniciación hasta profesional, es la enfermedad descompresiva (ED) o enfermedad por descompresión (decompression sickness o the bends, en inglés).
Sin embargo, son muchas las personas que, aún estando en posesión de una certificación de buceo, siguen sin tener claro de qué se trata la enfermedad descompresiva y cómo podemos evitarla.
Con este artículo, queremos darte una explicación sencilla pero rigurosa, que pueda ser entendida y recordada fácilmente. Empecemos por el principio, punto por punto.
¿Qué es la enfermedad descompresiva?
Dicho de una forma sencilla, la enfermedad descompresiva es una enfermedad producida por la aparición de burbujas de nitrógeno en nuestro organismo después de haber estado expuestos a un entorno hiperbárico (es decir, de alta presión).
La presencia de estas burbujas deriva en una serie de síntomas que pueden ser, como en cualquier enfermedad, más o menos severos dependiendo de una serie de factores. En el peor de los casos, un episodio severo de enfermedad descompresiva podría llegar a ser mortal para el buceador.
Entendiendo que el causante de la enfermedad descompresiva es el nitrógeno, la pregunta entonces es la siguiente: ¿por qué aparecen estas burbujas de nitrógeno en nuestro organismo?
¿Qué causa la enfermedad descompresiva?
Más allá de entender qué es la enfermedad descompresiva, la clave está en comprender por qué sucede, ya que así podremos actuar de forma segura y reducir el riesgo lo máximo posible.
El nitrógeno y el aire que respiramos
Como ya sabemos, durante una inmersión de buceo recreativo vamos a respirar aire o nitrox (aire enriquecido). En el caso del aire, sabemos que es un gas que está compuesto fundamentalmente de una mezcla de oxígeno (21% aproximadamente) y nitrógeno (79% aproximadamente).
Este último, el nitrógeno, es un gas inerte que nuestro organismo no metaboliza durante la respiración, como sí sucede con el oxígeno. Por tanto, al «no ser usado», una acumulación de nitrógeno en nuestro organismo (como vamos a ver que sucede durante el descenso) va a requerir de una desacumulación (como veremos que sucede durante el ascenso). Esto es lo que llamamos saturación y desaturación de nitrógeno. Si la desaturación o «desacumulación» no se hace de una forma segura para el organismo, es entonces cuando pueden aparacen las temidas burbujas de nitrógeno en nuestros tejidos y en el torrente sanguíneo.
La pregunta que ahora nos debemos hacer es la siguiente, ¿por qué saturamos y desaturamos nitrógeno durante una inmersión de buceo? ¿Qué queremos decir con una desaturación segura para el organismo?
Veamos ahora qué sucede durante una inmersión de buceo, primero en el descenso y luego en el ascenso.
¿Qué sucede en nuestro organismo durante el descenso?
En resumen, durante el descenso nos vamos a saturar de nitrógeno. Es decir, vamos a ir acumulando nitrógeno a medida que descendemos y aumentamos la profundidad.
Veámos el por qué en 5 claves.
¿Qué sucede en nuestro organismo durante el ascenso?
Si durante el descenso hemos concluido que vamos a saturarnos de nitrógeno (acumulamos nitrógeno), durante el ascenso va a suceder el proceso opuesto, vamos a «desacumular» ese nitrógeno «acumulado». Es decir, nos vamos a desaturar de nitrógeno.
Siguiendo el mismo esquema, veámos qué sucede durante este ascenso.
Entonces, ¿cómo puede aparecer la enfermedad descompresiva?
La clave está en lo que sucede durante el ascenso. Es decir, durante ese proceso de «desacumulación» que hemos explicado en el punto anterior.
Nuestro organismo es capaz de tolerar gradientes de saturación altos. Es decir, pasar de una presión más baja a una más alta en un periodo de tiempo corto. Por ejemplo, un descenso rápido. Nuestro organismo simplemente se irá saturando de nitrógeno (unos tejidos más rápidos que otros) a medida que continuamos estando expuestos a presiones parciales de nitrógeno cada vez más altas.
Por el contrario, y esta es la parte más importante, nuestro cuerpo tiene una tolerancia baja a gradientes de desaturación altos. Es decir, a situaciones en las que la presión disminuye de forma repentina y brusca. Por ejemplo, un ascenso rápido. Si el proceso de «desacumulación» de nitrógeno no se realizar de forma suave y progresiva, permitiendo a nuestro cuerpo una correcta desacumulación de nitrógeno, nos estamos exponiendo a una posible enfermedad descomprensiva.
El proceso de desaturación de nitrógeno, la causa de la Enfermedad Descompresiva
Durante el ascenso, al descender la presión, se crea lo que se denomina un gradiente de desaturación y el nitrógeno acumulado es transportado desde nuestros tejidos hasta los pulmones a través de la sangre para ser exhalado.
Si el gradiente de desaturación es muy alto, nuestro organismo no puede seguir el ritmo que le estamos exigiendo. De ser así, el nitrógeno, que se encuentra en solución en nuestros tejidos, puede salir en forma de pequeñas burbujas de gas libre (ya sea en tejidos o en el torrente sanguíneo), creando así un episodio de enfermedad descompresiva.
Además, estas burbujas de gas no se escapan de la Ley de Boyle, de tal manera que aumentarán su tamaño a medida que continuamos el ascenso y disminuye la presión, pudiendo causar consecuencias aún más graves.
Para una explicación más detallada y técnica sobre las leyes física y químicas que explican la enfermedad descompresiva, puedes leer nuestro artículo Física y Química de la Enfermedad Descompresiva.
¿Cómo podemos evitar o reducir el riesgo de una enfermedad descompresiva?
Es importante entender que todo lo referente a la teoría de la descompresión y la enfermedad descompresiva sigue investigándose y está en permanente evolución.
Hay multitud de factores, muchos aún por determinar, que podrían agudizar tu exposición a una posible enfermedad descomprensiva. Es por ello que, aún habiendo buceado de forma segura y conservadora, es posible que se pueda dar un epidosio de enfermedad descompresiva. De ahí la importancia de conocerla y de saber qué hacer en caso de sospecha o de sufrir síntomas.
Dicho esto, sí hay una serie de prácticas que nos van a ayudar a reducir al máximo la probabilidad de sufrir una enfermedad descompresiva.
Si aún no tienes ordenador de buceo y estás pensando en comprarte uno, puedes consultar nuestro artículo Tu primer ordenador de buceo, ¿cuál elegir?
¿Cómo identifico una ED y qué debo hacer?
A no ser que tengamos indicios claros de que la persona ha sido expuesta a una situación que suponga un riesgo evidente (como una ascenso muy rápido o no haber respetado los límites del ordenador de buceo), no es fácil identificar ni asegurar que estamos ante un episodio de enfermedad descompresiva. Además, los síntomas se suelen presentar algo después de haber finalizado la inmersión, no inmeditamente. En caso de sospecha, es fundamental acudir a un médico para recibir tratamiento especializado.
El tratamiento de una posible enfermedad descompresiva es costoso, por lo que es fundamental que nunca vayas al agua sin un buen seguro de buceo en vigor.

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Con respecto a los síntomas, los más habituales son la aparición de erupciones cutáneas, entumecimiento y dolor localizado en las articulaciones, además de fatiga, mareos y malestar general. En una gran mayoría de casos (leves), la aplicación de oxígeno al 100% y el uso de la cámara hiperbárica suelen ser suficientes para revertir los síntomas.
En lo casos más graves, sobre todo en aquellos en los que la medula espinal, los pulmones, el corazón o el cerebro se ven afectados, los síntomas aumentan en gravedad pudiendo incluso poner en riesgo la vida del buceador lesionado.
¿Debo seguir buceando si he tenido un episodio de enfermedad descompresiva?
Lógicamente, no de forma inmediata. Pero una vez revertido el episodio y estando en buen estado de salud, es perfectamente posible siempre y cuando se den una serie de condiciones. La clave está, indudablemente, en conocer la causa que derivó en un episodio de enfermedad descompresiva.
Son muchos los buceadores que, por poner un ejemplo, descubrieron que tenían FOP (foramen oval permeable) a raíz de un episodio de enfermedad descompresiva. Otros entendieron o son conscientes de que el episodio se debió a un mal ascenso después de haber roto los límites de no descompresión, y siguen buceando con precaución hasta descartar otras posibles causas.
Lo importante es aplicar el sentido común e, indudablemente, ser cuidadoso de ahora en adelante. Si se trató de un episodio aislado, podrás seguir buceando sin ningún problema. Si, por el contrario, descubres algún factor de riesgo inherente como tener un FOP, ponle solución (operación, si es posible) o comienza a bucear de forma consecuente (inmersiones poco profundas, no repetitivas o con perfiles conservadores).
En cualquier caso, la mejor ayuda es la que te van a prestar los médicos hiperbáricos, así que en caso de duda, acude o ponte en contacto con uno para mayor información.








